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Moto a los sesenta años
Foto: Máquina, tienda donde compré la moto

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Motero a los sesenta años por amor

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Juan Vte. Santacreu - 23/2/2016 - Me hace mucha gracia cuando me encuentro con algún "madurito" de 60 años, los mismos que tengo yo, que me dice: "estoy hecho un chaval, estoy como a los 20 años". ¡¡Qué mala es la edad!!
De entrada debes de saber que eso es mentira y ello es una prueba evidente de que ha perdido la memoria. O una de dos, o ha perdido la memoria y no se acuerda de cómo era a los 20 años o es un "puto" Charly que no aprende ni con la edad y sigue, con sesenta años, sin conocer sus límites.

Te cuento todo esto porque el pasado sábado mi mujer consiguió realizar su sueño dormido durante muchísimos años; se compró una moto Kawasaki. La cuestión es que se la entregaban este sábado y mi mujer no tenía ni puñetera idea de ir en moto, pero alguien debía retirarla de la tienda en Valencia para llevarla a la playa, a 20Kms., para practicar los fines de semana.

Viendo que no teníamos otra opción me ofrecí voluntario y le dije, "nena, no te preocupes que yo te la llevo".
Mi mujer se negó rotundamente porque no es normal que a mi edad me lanzara así a la carretera sin haber llevado una moto antes.
Es cierto, "yayos" en las famosas Harley Davidson si que se ven por la carretera, pero hay que decir que ninguno de ellos ha cogido una moto por primera vez los 60 años, llevan toda la vida sobre dos ruedas.
Mi moto a los sesenta años
Foto: LLegando a casa y mi chica colaborando para aparcar la moto

Toda mi experiencia motera se reduce a una Derbi de 49cc que llevé durante dos semanas hace 45 años. Pero es lo que hay, o llevaba yo la moto o mi mujer se quedaba sin practicar hasta no sé cuando.

Así que fuimos a recogerla el sábado a las 11h y mi mujer se compró un casco molón, y que casualmente me venía bien a mí. La cosa empezó a rodar bien, ya tenía casco y moto, ahora faltaba ponerla a rodar y conocer las 5 marchas que tiene la pequeña Kawasaki. ¡Ojo! 5 marchas sin contar la marcha atrás… ¡es coña!

Me subí en la moto y al ponerme el casco note como un nudo en la garganta que me oprimía y pensé que el casco me venía pequeño, pero no, resultó ser que eran mis "huevos" los que me asfixiaban. Creo que de ahí viene la palabra "acojonamiento".

Arranqué la moto y la bajé como pude de la acera, puse la primera y conseguí avanzar unos cuantos metros "seseando". ¡¡Menos mal que llevaba el casco y mi mujer y mi hija no vieron la cara de "acojone" que debía tener!! En ese momento me hubiera bajado y hubiera desaparecido.
Mi chica motera
Foto: Primeras vueltas de mi motera
Pero fue más fuerte mi sentimiento para que mi mujer pudiera disfrutar el fin de semana de la moto que la opresión testicular sobre mi garganta, y girándome les dije a mis chicas que se subieran al coche y me siguieran. Puse de nuevo la primera y seseando y con un par de "cojones" en la garganta salí a una gran avenida dirección a la playa.

La cosa fue medio regular hasta que me di cuenta que debíamos coger la autopista y claro, iba a quedar muy feo ir a 20Km/h, así que fui subiendo la marcha a 40Km/h y cuando llegamos a la autovía ya le había cogido el gustito, puse la quinta y a todo gas conseguí los 100km/h de punta. Me sentí como un puto abuelo loco con un par de "cojones" por corbata.

Por fin, y no sé cómo, llegamos a la playa sin novedad y mi mujer pudo practicar y realizar el sueño de su vida.
Y es que hay cosas que a cierta edad no se hacen ni por un polvo, se hacen por una sonrisa, por compartir la complicidad de un silencio, por una caricia, por una mirada, por un beso… a los sesenta, esas cosas se hacen por amor o no se hacen.

Así lo viví y así lo cuento.

Juan Vte Santacreu


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