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La palabra keso, con la que un monje intentó reproducir
su habla romance, es una de las más antiguamente documentadas. Así,
en el siglo X, la palabra tenía ya tras de sí una larga vida: queso
en español, como queixo en gallego o quesu en asturiano, procede
del latín caseus, de antigua raíz indoeuropea y cuyo significado
originario parece ser el de «fermentado, cuajado». Esta palabra,
llevada por los romanos, se extendió por las lenguas de un confín
a otro del Imperio: desde el portugués, donde encontramos queijo,
hasta el rumano, en el extremo oriental, donde cas es el nombre de
una de las dos variedades básicas de queso que allí se elaboran.
El sardo casu, en gran parte de Italia llamado también cacto o caso,
y, en lo alto de los Alpes, el diminutivo caschol (del latín caseolus)
designan también este alimento. Algunas lenguas germánicas han
tomado también la palabra latina, introducida junto con las técnicas
de elaboración del queso: cheese en inglés, Kase en alemán y kaas
en holandés. |
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En la baja latinidad, sin embargo, posiblemente en
algún lugar de la actual Francia, apareció una nueva manera de contemplar
el queso y su proceso de elaboración que quedó también reflejada
en la lengua. El queso es una masa que, al ser puesta en un molde,
adquiere una determinada forma. Así, un caseus formaticus es un queso
elaborado en un molde (no, como algunos creen erróneamente, un queso
al que se le ha dado forma). El adjetivo formaticus se convirtió
en sustantivo (por el mismo proceso que se convierte un vino tinto
en un tinto) y esta palabra se hizo habitual en las lenguas de la
actual Francia con el francés fromage y el occitano fortnatge, en
el norte de Italia con formaggio y en la península Ibérica con el
catalán formatge. En la pequeña zona del Val d'Aran, hormatge surge
en la lengua aranesa, que convierte en h las/latinas a principio de
palabra.
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A partir del catalán, o del francés, la expresión llegó incluso a introducirse
en español con la palabra formaje, que el Diccionario de la Real
Academia Española sigue recogiendo para nombrar la forma o el molde
para hacer quesos. Nuestro recorrido por los nombres del queso finaliza
con la única lengua no románica, no latina, de la península Ibérica:
en vasco el queso se llama gazta o gazna, palabras, como muchas otras
de esta lengua, cuyo origen es desconocido.
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